El año 2020 abrió la puerta a un futuro más flexible, en el que el teletrabajo se convirtió en algo común (y obligatorio) para la mayoría de las empresas. Si para algunos fue una auténtica novedad, para otros fue solo una forma de acelerar procesos que ya estaban en marcha.
Si hasta entonces sólo las grandes multinacionales o empresas informáticas permitían a sus empleados trabajar desde casa, con toda naturalidad, como si lo hicieran desde las instalaciones de la empresa, lo cierto es que el gran tejido empresarial portugués se mostraba reticente a este régimen y nunca se había planteado él.
El trabajo a distancia se veía, en el contexto laboral cotidiano de las empresas, como ese régimen un tanto esotérico previsto en no más de media docena de artículos del Código del Trabajo. Lo cierto es que todo cambió cuando se desató la pandemia.
Sin embargo, trabajar desde casa tiene sus ventajas:
- Reducción del tiempo de desplazamiento al trabajo, lo que implica más horas de sueño y también un importante ahorro en el uso de combustible;
- Relacionado con el punto anterior, la posibilidad de aprovechar el tiempo antes y después del trabajo para hacer algo que antes no era posible, como por ejemplo, un paseo al aire libre, que ya está permitido;
- Posibilidad de trabajar con ropa, al menos la parte de abajo, y calzado mucho más cómodo;
- Ahorre dinero, ya que no es posible salir a comer y socializar con colegas después de las horas de trabajo;
- Somos capaces de pasar más tiempo con nuestras mascotas, que muchas veces son nuestra compañía cuando teletrabajamos;
- En las posibles pausas del trabajo o cuando estemos más estresados, podemos respirar hondo o, si es posible, tomar aire y relajarnos unos minutos.
Tras las medidas de indefinición previstas para las próximas semanas, hay quien tiene muchas ganas de volver a las oficinas y hay quien prefiere seguir trabajando desde casa. Y, en tu caso, ¿cuál prefieres?
barbara martillo, Consultora de comunicación